Hoy se ha sorteado la lotería de navidad (como me habría gustado escribir estas líneas totalmente borracho) y con ella, se han repartido millones y millones de euros a diestro y siniestro (vamos, como en Marbella, pero a nivel nacional y sin tener que llevar el pelo engominado para participar) Hoy, como cada año, ha sido un día de ilusión para muchos y el día internacional de la envidia para muchísimos más... sobre todo para los que lo ven en directo, porque nadie me negará que no da rabia ver por televisión a todos los premiados, bebiendo y bañándose en cava por las calles, mientras los demás se quedan mirando sus números, con cara de tontos, como si de tanto mirarlos fueran a cambiar...
Una de las novedades de este año, ha sido la ausencia del "calvo". Por primera vez en ocho años, la gente ha vuelto a frotar los décimos contra las barrigas de las embarazadas en lugar de contra cabezas alopécicas y los calvos han podido volver a utilizar los transportes públicos sin necesidad de usar pasamontañas o gorros de lana... y es que, después de tantos años, "el calvo" se había convertido en todo un icono tradicional asociado a la suerte (ahora tendrán que conformarse con el tema de si tienen mayor potencia sexual)
Casi todos a los que les ha tocado "el gordo" (y no confundir con Ronaldo, que hablamos de la lotería de navidad) dicen lo mismo cuando se les pregunta qué harán con el premio: tapar agujeros (no, si tendrá razón Acebes cuando dice que España se rompe) algo que sinceramente no he entendido nunca ¿no sería mejor contratar a un paleta para que los tapara con cemento?
Todos sabemos que el mundo del fútbol atrae cada vez a más gente, algunos encuentros baten records de audiencia cada año y el impacto mediático de muchos clubs traspasa cada vez más fronteras. Pero con lo que un humilde servidor no esperaba encontrarse es con que la santa iglesia decidiese entrar en el juego:
Ayer, en el día de los derechos humanos, murió el ex-dictador Augusto Pinochet (algo que seguramente, aún otorga más valor a la celebración de ese día). Su muerte, a la edad de 91 años (no, si al final será verdad eso de que la mala hierba...) ha provocado diversas reacciones; muchos (la mayoría) se alegran y festejan, otros lloran su muerte, también los hay que, como Garzón, lamentan que haya muerto antes de haber sido juzgado por sus crímenes (aunque seguramente, el juez estaría intentando asegurarles el trabajo a sus biznietos, porque si hubiésemos tenido que esperar a que le juzgaran por las más de 800 causas abiertas que tenía pendientes...)
Estos días, hemos podido leer en los diarios una controvertida noticia: un colegio de Zaragoza ha decidido suprimir el festival navideño de este año (primero los de la lotería nos quitan al calvo de los anuncios, y ahora esto).